Nomad Jellyfish Colonize Mediterranean

0
Rhopilema nomadica wsah onto beaches in Mediterranean, by Dor Galia Pasternak.

Rhopilema nomadica wash onto Mediterranean beaches. Photo by Dor Galia Pasternak.

SUEZ CANAL – For marine scientists, the stinging jellyfish that have colonized Mediterranean shorelines, ushering bathers from tepid vacation waters and clogging cooling plants in Israel, are more than a passing nuisance. Their arrival, sometimes in swarms up to 110 miles long, sounds an alarm.

The nomad jellyfish – Rhopilema nomadica – are the frontrunners in a wave of invasive species being slowly pumped from the Red Sea through the Suez Canal, depleting native Mediterranean populations, throwing the ecosystem out of balance, and putting fisheries, tourism, and public health at risk. And as Egyptian President Abdel Fattah al-Sisi inaugurates a controversial $8 billion expansion to the canal, promising to add more than 20 miles of new waterways, the scientific community is scrambling to stop them.

Since its construction in 1869, the Suez Canal has become the salt-water super highway of the Middle East, generating $5.5 billion for the Egyptian government in 2014 and facilitating trade between Europe and Asia. The government claims that the upcoming expansion will contribute an additional $13 billion a year to public coffers by 2023, but marine biologists, including Dr. Bella Galil from Israel’s Oceanographic and Limnological Research Institute in Haifa, warn that the environmental and consequent economic costs may be too high.

“Each time that the canal is enlarged, we get a new cohort of invaders,” said Galil. “Biodiversity is a complex web of relationships and in the Mediterranean, this web has been unraveled to a great degree.”

Together with 500 scientists from 40 countries, Galil is spearheading an international campaign to raise public awareness of the impact of invasive species entering the Mediterranean through the Suez Canal. In addition, the group is calling on Egyptian authorities to release an environmental impact assessment of the proposed expansion of marine biota and habitats in the Mediterranean, as required by international and regional agreements.

The canal once included a series of hypersaline pools, known as the Bitter Lakes, to block the migration of species between the two bodies of water. These barriers were removed during repeated expansions to the canal, and no additional measures ­to prevent species migration – such as the locks used on the Panama Canal – were implemented. Today, the Suez Canal Authority boasts the waterway as the longest, free-flowing canal in the world.

“The Suez Canal has been endangering the Mediterranean for almost 150 years,” Dr. Ilaria Vielmini, a marine biologist with Oceana, an international NGO, said in a statement earlier this month. “And although naivety can excuse its previous environmental impacts, we don’t have that excuse this time around.”

To date, 443 non-native species have successfully completed the passage between the Red Sea and the Mediterranean, accounting for two-third of all non-native species in the northern body of water.

While not all migrating species are problematic, those labeled as invasive, such as the jellyfish, have outcompeted native species and wiped out the plankton that would populate the next generation.

“This is one of those cases where protecting the environment can also protect our economy,” said Dr. Piero Genovesi, the chair of the Invasive Species Specialist Group at the International Union for the Conservation of Nature. His group estimates that invasive species cause losses to the European coastal economies to the tune of 12.5 billion Euros per year.

And the fact that it the waters of the Mediterranean is warming has only served to further facilitate the spread of invasive species. The poisonous silver-cheeked toadfish, a native of the Indian and Pacific Oceans, has been caught along the coast of Malta, while tropical rabbitfish, known to deplete algae forest for native species, have devastated large portions of the Mediterranean sea floor.

“Combine the fact that these species come from tropical waters with the warming waters in the north, and you see the expansion of these species throughout all of the Mediterranean, even the most northern part into Italy and France,“ Genovesi added. 

While the imminent expansion of the Suez Canal has the scientific community in Europe scrambling to find solutions, the problem highlights the inherent limitations to coordinating large-scale efforts between the sovereign countries that share the Mediterranean coastline.

Some fingers point to the International Maritime Organization, the United Nations agency tasked with setting international shipping standards. For now, the organization says that it is pushing the adoption of a ballast water convention among its member states as a “direct, large-scale action” that they say would improve the sustainability of shipping while reducing its impact on marine ecosystems. But for others, the real potential for change lies at the point of entry, in the hands of canal authorities.

“The responsibility for action lies with Egypt,” said Trine Christiansen, who leads the Marine Environment Group for the European Environmental Agency (EEA), an agency of the European Union. The EEA has been tasked with compiling information to inform policy, but lacks regulatory power in the matter.

“The species that move through the Suez Canal have an impact everywhere, but the action must be taken by one country,” she added.

The Egyptian embassy in Washington D.C. did not respond to a request for comment.

Machismo y la propagación del VIH

0
El papel que juegan los roles de género y el estigma en la epidemia que se esparce por el estado mexicano de Chiapas.
IMG_3807

Sandra Villarreal Martínez habla abiertamente sobre el VIH en el estado mexicano de Chiapas, donde la enfermedad sigue siendo estigmatizada (Eva Hershaw)

Por: Eva Hershaw

Portando un top rosa brillante, una falda negra y tacones de ocho centímetros, Sandra Villarreal Martínez caminó con paso seguro al frente de un pequeño grupo de mujeres, todas entre los 38 y 55 años de edad, que se encontraban sentadas en sillas de plástico en un patio de cemento. Todas tienen VIH.

Les regaló una enorme sonrisa mientras el sudor se acumulaba en su frente. “Estoy aquí para hablarles sobre los condones”, dijo, sosteniendo un paquete pequeño en las manos. “¿Cuántas de ustedes han usado uno de estos antes?” preguntó. Algunas de las mujeres usaban sus cuadernos como abanicos, con los ojos fijos a lo lejos. Otras buscaban a las otras con la mirada, visiblemente incómodas. Finalmente María levantó la mano, la única en hacerlo. “Bien”, dijo Sandra. “¿Y alguna de ustedes sabe como abrir un condón?”

El grupo se quedó en silencio. Desde la esquina trasera, el único hombre presente se puso de pie. “Yo puedo enseñarles”. Las mujeres rieron. “Primero que nada, no usen ni los dientes ni tijeras”, dijo, tomando el condón de las manos de Sandra. “Y recuerden que deben revisar la fecha de caducidad”. Abrió el paquete y sacó el condón a la luz de la mañana chiapaneca.

Eran las 10 a.m. de un martes en La Reforma, un pequeño pueblo dedicado a la refinería petrolera en el noreste de Chiapas, un estado en el extremo sur de México.

El taller fue la primera oportunidad que las mujeres con VIH de La Reforma han tenido para reunirse o hablar abiertamente sobre su condición. Durante la siguiente hora, cada una de las cinco mujeres contó su historia. Lloraban cuando hablaban del momento en el que recibieron el diagnóstico, los hijos y nietos que le han dado significado a sus vidas, y los temores que siguen atormentándolas. Todas las historias tenían una cosa en común: cada una de las mujeres en el taller fue contagiada por sus parejas de varios años, y en el caso de la mayoría, por sus maridos.

La lamentable realidad es que para las mujeres que viven en las regiones rurales de México, el sexo conyugal representa el más grande riesgo de infección. El estado de Chiapas no es la excepción. La desigualdad de género es alta y las oportunidades económicas al alcance de las mujeres en el estado son pocas. El estigma y las normas sociales que han prevenido que despeguen campañas de educación sexual efectivas también son parte de la ecuación. Para las mujeres casadas en Chiapas, la abstinencia sexual es casi imposible y es difícil adoptar el uso del condón entre parejas donde el balance del poder está en su contra.

En pocas palabras, los hombres no quieren usar condones y las mujeres, quienes dependen cultural y económicamente de sus maridos, no pueden darse el lujo de separarse de ellos. Para cada una de las cinco mujeres en el taller, el precio fue terminar con VIH.

“El machismo es mortal”, dijo Adela Bonilla, de 61 años, la directora de Nuevos Códices Compatía A.C., una organización que trabaja en todo el estado para apoyar y fortalecer a las mujeres que viven con el virus. Mientras platicaba, Adela maniobraba su automóvil con destreza para evitar los hoyos que habían quedado en la carretera de grava que lleva a La Reforma después de una serie de lluvias. El pueblo queda a seis horas hacia el noreste de San Cristóbal de las Casas, una ciudad colonial en la zona montañosa central del estado y un destino popular entre los turistas. Su espejo derecho colgaba de unas cuantas tiras de cinta adhesiva gris. A la izquierda, la sombra de las altas paredes de cal caía sobre la carretera; a la derecha, el camino terminaba súbitamente y cedía ante los oscuros desfiladeros. Durante los siguientes dos días, junto con Sandra, una organizadora local, Adela llevaría a cabo dos talleres sobre el VIH en La Reforma y Pichucalco.

Adela negó con la cabeza mientras manejaba. “El hecho es que la mayoría de las mujeres se encuentran extremadamente avergonzadas sobre el hecho de que están viviendo con VIH”, dijo. “Han sido rechazadas por la sociedad y viven detrás de una cortina de humo. Pero al final del día, no hicieron nada malo”.

El estado de Chiapas es el más pobre de México. Es el hogar de una población altamente indígena, dispersa y rural. En el 2012, 75 por ciento de sus residentes vivían en la pobreza. El estado también se encuentra rezagado en varios indicadores de salud pública. Por cada 100 mil residentes, Chiapas cuenta con tan solo 93 doctores y 45 camas de hospital, las tasas más bajas en México. La falta de infraestructura médica en el estado ha afectado particularmente a las mujeres, lo que ha llevado a altas tasas de mortalidad materna y la propagación de enfermedades infecciosas como el VIH.

El primer caso de VIH en México fue documentado en 1983, dos años después de que el virus se registró por primera vez en Estados Unidos. En el 2012, 0.3 por ciento de la población total de México vivía con VIH, comparado con el 0.6 por ciento de la población estadounidense. En México, al igual que en Estados Unidos, la epidemia se concentra en los hombres, quienes representan el 82 por ciento de los casos documentados en el país. A nivel nacional, 54 por ciento de todos los casos de VIH resultaron de relaciones homosexuales o bisexuales. En Estados Unidos, 61 por ciento de todos los casos nuevos de VIH ocurren entre hombres gay o bisexuales.

Pero en las regiones rurales de Chiapas, el VIH tiene otro rostro. El año pasado se estima que el 60 por ciento de los casos en el estado se produjeron durante encuentros heterosexuales. A nivel nacional, las mujeres representan el 18 por ciento de los casos de VIH. En Chiapas, la cifra es del 27 por ciento.

IMG_2556

Martha Figeroa Mier, del Colectivo de Mujeres de San Cristóbal, ofrece asesoría a una mujer por el teléfono. (Eva Hershaw)

“El SIDA ha cambiado completamente la manera en la que pensamos sobre el amor, la fidelidad y el matrimonio”, dijo Martha Figeroa Mier, directora del Colectivo de Mujeres de San Cristóbal. El colectivo opera desde hace 24 años y se enfoca principalmente en casos de abuso doméstico y violación. “Cualquier problema que tengan las mujeres”, dijo “cuando acuden a nosotros nuestro consejo es a) repórtalo a la policía, pero solo si así lo quieres, y b) definitivamente hazte la prueba del VIH”.

En las palabras de Jennifer Hirsch, profesora de ciencias sociomédicas en la Universidad de Colombia, en las regiones rurales de México “las mujeres son infectadas por las mismas personas con quien se supone que deben estar teniendo sexo — de hecho, según las convenciones sociales en México, con las únicas personas en sus vidas con quien se supone que deben de tener sexo”. La infidelidad masculina no representa una falta social mayor en México, algo que no se puede decir sobre las mujeres. Las ideologías de género han creado relaciones de poder donde las decisiones sobre el cuerpo de una mujer, como el usar condón o no, está comúnmente en las manos de un hombre. Es un conjunto de normas, creencias y acciones patriarcales que dejan a las mujeres particularmente vulnerables a ser infectadas.

“En este estado, los hombres obtienen todas las mujeres que quieren”, dijo Sandra. “Ellos son los que ganan dinero, tienen un auto y pueden pagar por sexo fuera de sus relaciones”. Sandra sabe que este concepto simple es la verdad. Cuando era joven se encontró a ella misma en el otro extremo de esta ecuación.

A sus 18 años, un hombre se le acercó con una propuesta en las calles de Pichucalco. Era de madrugada y el hombre le ofreció un trabajo en su restaurante en el pueblo cercano de Juárez. Sin educación, desempleada y con pocas opciones para su futuro, Sandra aceptó. Durante los siguientes tres años, el hombre la mantuvo en cautiverio y la prostituyó contra su voluntad con hasta 30 hombres al día. Cada uno le pagaba a su jefe entre 20 y 30 dólares; ocasionalmente ella recibía entre 4 y 5 dólares.

“Todos en el pueblo saben que tengo VIH. Esa es quien soy y no voy a bajar mi cabeza por ello.”

En algún punto Sandra se dio cuenta que también la estaban drogando. Había grandes huecos en sus días que no recordaba. Intentó escapar varias veces, cada ocasión con mayor desesperación que la anterior. Los clientes rara vez usaban protección, una decisión que siempre estuvo fuera del control de Sandra. A los 21 años quedó embarazada. Abortó, una decisión que todavía considera la peor de su vida. Poco tiempo después, una pareja que cocinaba y se encargaba de las finanzas de su jefe la ayudó a escapar. Por traumatizante que fue la experiencia, Sandra no contrajo el VIH durante su tiempo en el burdel. De regreso en Pichucalco, meses después de haber escapado, su nuevo novio la infectó conscientemente cuando ella tenía 22 años.

Sandra ha vivido con VIH por ocho años y a pesar de todo lo que le ha pasado, ella continúa encontrando fuerza e inspiración en el recuerdo de esos años traumáticos. “Hay una razón por la que he vivido para hablar de esto”, dijo. “La única razón por la que no me mataron en el burdel es porque un poder mayor tiene un plan para mí”.

El doctor de Sandra, Manuel Lopez Vidal, es un especialista en VIH en el hospital de Pichucalco. “El más grande desafío que enfrentamos en este hospital es el rechazo de las mujeres con VIH contra ellas mismas”, dijo. “Sandra visita a los pacientes que se encuentran aquí, les da esperanza y comparte con ellos sus experiencias. Ella es una de las razones principales por las que cualquiera de las cosas que he hecho han funcionado”. En un estado donde hablar abiertamente del VIH significa cruzar parámetros de comportamiento social claramente demarcados, Sandra está haciendo olas.

En 1988, Susan Sontag escribió que las personas con SIDA en Estados Unidos sufrirían de una muerte social antes de que sus cuerpos sucumbieran a la enfermedad. En el 2013, en Chiapas, esto sigue siendo cierto. Las enfermedades como el cáncer son tratadas como ocurrencias inesperadas en el cuerpo humano, pero el VIH es visto como la consecuencia de un comportamiento moralmente deplorable o sexualmente promiscuo. Los altos niveles de estigma que continúan rodeando al VIH en las regiones rurales de México han estropeado cualquier esfuerzo por educar a la comunidad e impedido que se tenga un diálogo productivo al nivel estatal.

“En los últimos diez años, el estigma y la discriminación que rodean al VIH son las cosas que menos han cambiado”, dijo el doctor Hugo Alberto Jiménez Vásquez quien trabaja en una clínica estatal en Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas. El resultado es que muchas mujeres y hombres que viven con el virus en Chiapas ocultan su diagnóstico de sus familiares y amigos cercanos, inventando enfermedades falsas para explicar sus visitas al doctor y destruyendo cualquier evidencia que pudiera revelar su secreto.

Cuando Luciana tenía 19 años, contrajo VIH de su pareja Mateo. Ambos han vivido secretamente con el virus por tres años en una casa multifamiliar en San Cristóbal. La pareja solicitó que la entrevista se llevara a cabo en el techo para evitar que los otros inquilinos escucharan. “Piensan que estás haciendo un reporte sobre la diabetes”, dijo Mateo. “Hemos borrado nuestros nombres de cada botella de medicamento y quemamos papeles para que la gente no se entere”, agregó. “Perdería mi trabajo y nos sacarían de este pueblo si alguien se enterara”.

IMG_3775

Mateo posa con su medicamento mensual. (Eva Hershaw)

 

Mateo contrajo VIH en el 2009 durante una de sus entonces frecuentes visitas a los burdeles en San Felipe, un pueblo ubicado sobre la infame “ruta de los tráileres” que conecta a Guatemala con la costa de Chiapas. Luciana, su pareja desde hace mucho tiempo, es de la comunidad indígena de Huistán, pero su familia se mudó a San Cristóbal hace varios años. “Estaba enojada con él cuando me enteré”, dijo. “Sabía exactamente cómo lo contrajo y no había nada que pudiera hacer”.

Incluso ahora hay poco que pueda hacer. No tiene trabajo, su español es limitado y tiene tres hijos que cuidar. Mateo, quien lleva tres años bajo tratamiento, se siente profundamente arrepentido por su comportamiento, el cual, explicó, es bastante normal entre sus amigos. “Sé que mis amigos van a los burdeles, y me gustaría poder decirles sobre lo que me pasó”, dijo. “Pero no lo tomarían bien. Sospecharían de mí o me acusarían de tener VIH”. Mateo sospecha que muchos de sus amigos ya tienen el virus. “Es una cadena que se debe romper en algún punto”, dijo.

El estigma y la discriminación siguen siendo comunes en el estado. En el 2004, el ginecólogo y ex alcalde de Tuxtla Gutiérrez, Francisco Rojas Toledo, respaldó medidas para prevenir que los niños nacidos con VIH asistieran a las escuelas públicas. Dos años antes, en el 2002, el estado se convirtió en el foco de una controversia nacional cuando una niña de ocho años fue expulsada de una escuela pública después de que sus padres descubrieron que tenía VIH.

“El VIH es un indicador de la situación política, económica y social en cualquier lugar dado. En Chiapas, hay una serie de situaciones que te ponen en ese lugar vulnerable”.

“Nos formamos en el 2002 para tomar el emblemático caso de la niña de ocho años que fue expulsada de la escuela pública”, dijo el doctor Alejandro Rivera Marroquín, el director del Colectivo de Atención para la Salud Integral de la Familia (CIFAM). Abiertamente gay y VIH positivo, Alejandro ha recibido atención nacional por su trabajo en defensa de las personas con VIH. Su pequeña oficina en la capital del estado sirve como un lugar seguro para los hombres y mujeres con VIH que buscan tratamiento anti-retroviral y apoyo psicológico. Con energía y un aura de urgencia, Alejandro escribía estadísticas en un bloc de notas mientras platicaba.

“El VIH es un indicador de la situación política, económica y social en cualquier lugar dado”, dijo. “La pregunta es: ¿Por qué te alcanzó el VIH? Este es terreno fértil, y en Chiapas hay una serie de situaciones que te ponen en ese lugar vulnerable”.

Para Rolando Tinoco Ojanguren, director del Centro de Investigaciones en Salud de Comitán (CISC) y profesor de género y salud en El Colegio de la Frontera Sur en San Cristóbal, la ONG solo puede llegar tan lejos sin la ayuda del estado. “En Chiapas, ya nos acostumbramos a la pobreza”, dijo. “No necesitamos intervenciones, necesitamos un cambio fundamental en el sistema”.

Mientras tanto, Rolando continúa trabajando con Adela, Sandra y otras ONGs con la determinación de lograr una pequeña diferencia en las vidas de los individuos con VIH.

En el taller en La Reforma, una mujer llamada Agustina también contó su historia. Ha pasado un año desde que recibió su diagnóstico. Agustina describió sus momentos de mayor desesperación con lágrimas en los ojos. “No quería vivir más”, dijo. “No dormía durante semanas”. Adela tomó su mano. Con siete hijos, Agustina contrajo el VIH de su marido, a quien le ha sido fiel por más de 15 años. “Me dejó”, dijo, cubriéndose el rostro con las manos. “Me dejó con siete bebés y con VIH”, dijo. El grupo se quedó en silencio. Agustina respiró profundamente.

“¿Qué dirían ustedes a Agustina”? preguntó Adela.

“Que tienes que vivir cada día!”, dijo María. Agustina se limpió las lágrimas de los ojos. “Que ella tiene apoyo”, dijo Sofía. Las mujeres asintieron. “Que no estás muriendo”, dijo Sandra. “Vas a vivir mucho tiempo con VIH”.

Durante el curso del taller de tres horas, parecía como si el peso acumulado de varios años de vergüenza, tristeza y aislamiento se les quitaba de las espaldas. Algunas de las mujeres han ocultado su diagnóstico por casi una década. Al final del taller, Sandra y Adela entregaron condones y programaron una fecha para su siguiente reunión. María, una de las mujeres más jóvenes del grupo, se puso de pie antes de que las otras mujeres se fueran. “¿Qué dicen – quieren cenar en mi casa la próxima semana?” preguntó. Sandra y Adela sonrieron. “Todas pueden aportar algo y podemos platicar de cómo nos sentimos”.

Las mujeres aceptaron. Tras apilar las sillas de plástico, cada una de ellas les dio las gracias a Adela y Sandra y se dirigieron hacia la salida del hospital. A la 1 p.m., un paletero en el estacionamiento hacía buena venta. Las palmeras producían parches de sombra en el pavimento ardiente y unos cuantos hombres dormían en una camioneta estacionada en el otro lado de la calle. Las mujeres no tenían prisa por irse. Algunas de ellas incluso permanecieron frente al hospital bajo el sol del mediodía. “Puedo sacar adelante”, dijo Agustina. “No va a estar tan difícil como antes pensaba”.

Traducción del artículo original publicado en The Atlantic.

william, nigerian refugee in brazil.

0

William came to Brazil on a visa during the World Cup. Escaping tribal violence and terrorist attacks in his native Nigeria, he took advantage of lax visa requirements during the mega-event to come to Brazil as a tourist and stay as a refugee. He will go back, he says, once he has spoken with his mother – who disappeared after an inner-village conflict – and has enough money to relocate her to a safer place.

IMG_6825

brazil’s historic 7-1 loss to germany

0
IMG_6824

“I’ve never, ever seen Brazil play that badly.”

For Brazilians, dreams of a World Cup championship ended in tears.

It has already been deemed the most painful loss in 100 years of Brazilian soccer. The national team’s 7-1 loss to Germany marks the worst loss a hosting team has ever suffered in the World Cup and the worst that the Brazil national team has ever lost in the World Cup game, period. What’s more, the first five goals were scored in record-setting time – it took Germany only 29 minutes.

For Brazilians, the World Cup, the ‘Cup of Cups,’ may go down in the history books as a $11-billion national tragedy.

This morning, the fireworks and horns began to sound around 10am. All day, the empty streets were filled with people drinking, dancing, cheering. By 4pm, one hour before the game, the Fan Fest in the center of São Paulo had closed, full to the brim with fans – torçidos – in face paint, yellow, green, and blue wigs, and with Brazilian flags falling as capes down their backs.

After the teams were introduced, fans belted the national anthem and prepared for battle.

When Müller scored Germany’s first goal in the 11th minute, the crowd groaned. But Brazil was on its feet, looking fresh. The fans were optimistic, and even without Neymar Jr. on the field, hopes were high.

Just outside of the Fan Fest, at a crowded bar on Anhangabaú, a drunk woman wearing a Brazil wig cheered and danced. “I am Brazilian, I am proud to be Brazilian!” she yelled. Patrons eyed her, laughed, but kept their gaze on the game.

IMG_6765

Fans gather outside the FIFA Fan Fest to watch the game on a small television at a ‘lanchonete.’

When the second goal came in the 23rd minute, nerves started to wear thin. One man took off his hat, stood up, and walked out of the bar shaking his head. The crowd went silent. The fans hardly had time to recover from the second goal before Kroos netted Germany’s third.

It already seemed like a bad joke. The horns were silent, and fans looked on in disbelief as the fourth and fifth goals floated past Júlio César, the beloved Brazilian goalie who seemed invincible only days before.

“There are going to be riots in São Paulo,” said Rafael, a fan watching the game from an Anhangabaú bar, looking defeated. “It is going to be chaos if Brazil can’t come out of this … and 5 – 0, I don’t see how they will.”

By the second half, many fans had already gone home. A historic loss like this, on their own soil, was too much to stomach. And with 45 minutes left to play, it was likely that things were going to get worse before it was all over.

When the sixth and seventh goals were scored, fans actually started clapping and cheering in a mixture of desperation and disbelief. “Dillma!” a man on the patio yelled. “Vote for Dilma!” The manager at the bar started up the music and Brazilians, with no other road forward, stood up and began to dance. Across Anhangabaú, the bars struck up their music while the Brazilian national team wearily ran across the screen behind them. When Oscar scored Brazil’s only goal at the 90th minute, fans cheered as they danced.

IMG_6821

Brazilian fans break into a samba as vice captain David Luiz gives a teary post-game interview in the background.“At least its not zero!” they yelled.

“At least its not zero!” they yelled.

When the game ended, hardly anyone could watch. There was no energy for riots. Some Brazilians danced, a group of Argentinians gathered in the plaza corner to sing. David Luiz, the vice-captain who had been fundamental in Brazil’s victory over Colombia, wept in his post-game interview. “We just wanted to give you great joy,” he said. “We apologize to the Brazilian people worldwide and to Brazil.”

Fans slowly moved towards the subway station. Their face paint had lost luster and their wigs and hats lacked spark. As the wait staff cleaned up the table, Brazilians with large sacks came through to collect beer cans and snatch up extra food.

“The Workers Party is out, Dilma has got to be out” said Docineia, a middle-aged Brazilian woman shaking her head in disbelief. “Sometimes God gives a little help.”

This is the long version of a short post I wrote for VICE News

world cup protesters promise to stay in streets.

0

Original article ran in VICE News on Friday, May 16.

IMG_6423

With a scant 28 days left before the World Cup, the streets of Brazil have been filled with burning barricades, armored military vehicles, and thousands of indignant citizens demanding that their voices be heard.

In São Paulo, an estimated 1,200 protesters gathered Thursday evening on Paulista Avenue as part of the International Day of World Cup Resistance — a series of demonstrations coordinated across the country to express public discontent ahead of the mega athletic event.

As the procession began, a giant skeleton wearing a Brazilian jersey danced among the crowd while protesters performed theatrical skits, played music, and erected banners.

At the end of the street, a projector beamed government-spending statistics (“Only 0.4 percent of the resources going to the World Cup is private investment”) onto the façade of a large building. The march, organized by the Popular Committee for the World Cup, appeared to be one of the most creative, orderly expressions of resistance yet.

“We have rights and we want them to be guaranteed,” Juliana Machado, a member of the Popular Committee for the World Cup, told VICE News as the protesters prepared to march. “We’re here not only to defend these rights, but to reclaim the rights that we’ve lost in the run-up to the World Cup.”

But less than a half an hour into the demonstration, events quickly shifted. A confusing and uneasy stir moved through the crowd. Protesters along Consolação Avenue started yelling insults at police officers, who walked together behind shields alongside storefronts on the periphery of the procession.

Before anyone could really understand what was going on, a loud explosion rang out. The police had fired a stun grenade. This was followed by screams, more explosions, and the rapid descent of a police helicopter, which blew up dust and beamed a spotlight onto demonstrators as they quickly dispersed into side streets.

Video footage illustrates the moment of tension, but it remains unclear what action on the part of protesters, if any, had prompted the police to detonate stun grenades.

Reports offer diverging accounts of what transpired shortly before the upheaval. Some accuse protestors of provoking the police, throwing rocks and other pieces of trash towards the huddled group of officers. Others insist that the grenades were an unjustified and disproportionate response to little more than heated verbal exchanges between protesters and the police.

As protesters scattered and businesses pulled down metal screens over their storefronts, black bloc members took advantage of the chaos and began smashing bank windows. They also vandalized a Hyundai dealership — the car manufacturer is an official World Cup sponsor — before setting trash aflame in the street.

In the end, eight people were detained by the military police and at least four people, two of them journalists, were reported injured.

The day included several protests by teachers, metalworkers, and metro employees elsewhere in São Paulo. The city’s transport department later said that demonstrations had resulted in traffic jams stretching more than 90 miles.

“We have to use the World Cup to apply more pressure,” Vitor Ribeiro, a leader of the metro workers’ union, remarked to VICE News ahead of Thursday’s rallies. “The metro is going to be the only way for tourists to get to the Itaquerão stadium, and a strike would do a lot of damage. They know this, and so do we.”

Earlier in the day, an estimated 5,000 members of the Homeless Workers’ Movement (MTST) protested the government’s failure to address their housing demands by marching to the Itaquerão stadium, where they set fire to car tires. For the past two weeks, more than 4,000 families have occupied an encampment called the People’s Cup in an empty tract of land near the stadium.

“The clock is ticking: they have 28 days to resolve not only the People’s Cup but all the occupations that are part of this fight,” MTST leader Guilherme Boulos said in a press statement. “If this isn’t resolved, there will be problems.”

In Recife, in the northern state of Pernambuco, protests prompted the government to deploy the military to control looting in the absence of the local police force, which is on strike. It marked the second time that the Brazilian government has sent soldiers to patrol a World Cup host city in the last two months.

As burning trash was cleared from São Paulo’s streets, organizers of the International Day of World Cup Resistance were already busy planning their next move. News of a mass demonstration planned for May 31 quickly began circulating on social media.

When Machado, the protest organizer, was asked what message she and her compatriots were trying to convey, she answered, “We’re going to see fighting in this World Cup. It’s simple — that’s it.”

violence spikes in rio de janeiro.

0

RIO DE JANEIRO – A recent report released by the Institute for Public Security (ISP) revealed that levels of violence in Rio de Janeiro are similar to those reported in 2008, a year considered to be one of the most violent of recent years for the Brazilian city.

4404716468_35f00d4e1a_z

Photo by Alex, Creative Commons Flikr

In the first three months of 2014, 1,459 people were killed in Rio de Janeiro. Thefts from restaurants and commercial outlets increased by 85 percent compared with last year, while the number of robberies on pedestrians went up by 45 percent.

The news came scarcely a month ahead of the World Cup, which is expected to bring 600,000 foreign tourists to Brazil. Rio de Janeiro, one of the 12 cities that will host World Cup events, swiftly responded by pulling more than 2,000 members of the state military police out of vacation and onto the streets in an effort to quell the recent surge in violence.

It was not a novel response by the Rio de Janeiro government, whose police force has been engaged in a daunting territory dispute against heavily-armed gangs across the city for more than two decades. In a recent statement, the state governor called the engagement a “war,” restating his intention to persevere.

“When crime spikes, the government dispatches police onto the street in order to achieve the quick, short-term effect of lowering crime rates,” said Sandro Costa, the vice-coordinator of human security at Viva Rio, an NGO monitoring violence in Rio de Janeiro.

In recent years, the government has taken additional measures – including the introduction of homicide units and special task forces – to reduce crime rates. The most notable of these measures has been the Police Pacification Units, introduced by the state governor in 2008 in response to a particularly severe crime wave.

The pilot program promised to regain control of the gang-controlled facelas by placing permanent police units in the most dangerous parts of the city. By the end of 2013, the number of operating UPPs in Rio de Janeiro had grown to 37 and by the end of 2014, the state intends to add three more. Yet in light of the recent spike in crime, many questions remain as to whether police-based responses in Rio de Janeiro are achieving the desired outcomes.

“The deployment of 2,000 additional troops to the streets is a purely political response meant to appease the middle class,” said Edson Diniz, founder of the Redes da Maré, an organization that promotes the development of favela communities. “If they behave anything like the police officers currently on the job, it will only make things worse.”

In the face of human rights abuses, corruption allegations, and high levels of impunity, one of the police’s main challenges will be salvaging their legitimacy in the eyes of community members. The report published by the ISP not only revealed an increase in crime, but also showed an increase in the number of deaths resulting from police actions, which increased from a total of 67 cases in February and March of 2013 to 104 deaths during the same period in 2014 — a 55 percent increase.

Yet many question the intention of policies that have placed police officers as protagonists on the road to public security. At a recent community event in the Maré, a massive complex comprised of several favelas and informal communities housing more than 130,000 residents, Luiz Eduardo Soares, the former secretary of national security under President Lula da Silva, criticized the role of police officers in Rio’s marginalized communities. “Occupation by the military police represents the defeat of a state that was unable to resolve its security problems, he said. “They were left with no choice but to resort to a quick fix that is both artificial and provisionary.”

His sentiments echoed those of Jorge Luiz de Souza, 43, a lifetime resident of the Maré. “Things won’t get better with more police,” said de Souza. “Because violence isn’t our only problem. And police can’t change the fact that we have the worst teachers and the worst doctors in the city.”

o pantanal.

0

the pantanal, the world’s largest tropical wetland and the home of the world’s largest jaguars. in the last five years, an interesting story is unfolding, one that pits ranchers as the protagonists in an effort to conserve the habitat of jaguars, animals that were once their biggest enemies.

IMG_6100

sonia e nana.

0

Sonia from the Dominican Republic and her daughter, Nana, are on their way to Mato Grosso do Sul. Her husband and Nana’s father, a Haitian man, has been working in construction there for the past two years. He has finally earned enough money to pay their way, but for the past week they have been stuck in Brasiléia waiting for documents.

IMG_6023

Pages:
  1. 1
  2. 2
  3. 3
  4. Next »Last